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Mostrando las entradas de mayo, 2011

Elle.

Le gustaba irse ganando las cosas. Sabía que para llegar al centro tenía que caminar bastante… Prácticamente se encontraba en un suburbio de su ciudad. Le gustaba observarla. Era la persona que más defendía y resguardaba su ser para sí misma… No podía creer que existiera alguien  así.  A veces parecía que sus acciones le dirían algo, o que alguna frase escondería un deseo o mensaje. Nada… No podía analizarla, no podía saber qué pensaba, y cuando torpemente se lo preguntaba (“Qué piensas?”) ella dulcemente sonreía y callaba, o si estaba en verdad de buen humor cambiaba de tema a algo amable, algo de lo que pudiesen hablar por mucho tiempo. Le gustaba. Simplemente quería cada uno de esos cabellos suaves entre sus dedos; quería ver sus ojos sonrientes después de un beso a oscuras en la Cineteca; quería caminar y saber cómo percibía ella su mundo, quería aprender su mundo; quería rodear su delicado cuerpo con sus brazos y besar su cuello. Y no sabía por qué quería todo eso… Si...

Eso dicen.

Pensaba que quizá soy tan parecida a ti que simplemente por eso no embonamos. Pensaba que soy un asco en esto de enamorarse. Pensaba que soy muy joven para amar. Y pensaba que aún así me gustas, te quiero y el pensar en ti todo el tiempo con esta sensación en la piel adjunta debería ser el síntoma de “enamoramiento” (¡o al menos eso dicen!) Para Paola

Llegando a la cima de la montaña.

La vida aún no me da suficiente madrazos amorosos como para entender que no debo dejarme caer… Por una parte me entusiasma lo que mi piel recorre cuando te siento cerca; por otra, temo ser la única con este sentir. Temo que sólo sea un juego. Temo que lo que digas no sea sincero. Temo a la desilusión… Y a pesar de ello… Me estoy cayendo… Sólo espero que estés detrás de mí para atraparme.