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Así es esto de ser lesbiana.

M amá sacó la vajilla de porcelana. Limpio la casa, puso la mesa. Los vasos de vidrio floreados que sólo saca cuando vienen las visitas. Pensaba que poco le faltaba para sacar las servilletas de tela, pero no lo hizo; sólo acomodó en cada lugar las servilletas de papel. Jess- Qué comeremos? Mamá- Pasta y pechuga empanizada rellena de verduras. Jess- Wow! Qué rico! Y quién viene a comer? Mamá- Ah, viene Jose Luis. Jess- Ah… Llego Él. Mamá- Quieres hielo?… Te sirvo agua?… Tienes servilleta limpia?… Quieres más, Jose Luis? Puedes servirte lo que quieras eh… [Risas]… Yo me limitaba a comer; comer lo más rápido que podía hacerlo sin atragantarme, ya que mi garganta si por sí sola es pequeña, con la opresión que se hacía en mi pecho al retener las emociones se reducía más. Parecía en realidad que no quería que la comida pasase a mi organismo. Siguieron los elogios… Ese ambiente lindo cuando alguien come, esa atmósfera de tranquilidad y alegría. Simplemente no podía con ello. No siquiera...

Los tres.

Las personas en extremo estúpidas suelen derrumbarse, desperdiciar, acabarse, “”vivir”“. Las personas en extremo inteligentes suelen derrumbarse, desperdiciar, acabarse y “vivir”. Las personas con una inteligencia media, que aceptan todo lo que los medios les dicen, que van al paso del ser humano promedio, que ven las telenovelas de la tarde, que creen fervientemente en Él y aceptan que están en el medio sin saberlo, se derrumban pero se levantan casi al instante, ahorran, cuidan, aplican cirugías plásticas para no verse acabados y en definitiva, sobreviven. Es el dilema del día de hoy. ¿Qué tan bueno es que pertenezca a uno, siendo los tres tan pésimos?

Sólo un sueño

Todo era perfecto. Ella la quería; ella también la quería a ella. Podían tener problemas con sus padres, con sus hermanos, abuelos… Con sus “amigos” y “amigas”, con sus profesores, con las señoras que al verlas pasar se persignaban en la calle, con los policías ignorantes, con los locales de comida, entretenimiento… Y aún así, todo era perfecto. En verdad se amaban. Una vez, después de no verse en vacaciones de semana santa, ella la vio llegar a la preparatoria y caminar por el pasillo que llevaba al salón; salió disparada, con una sonrisa no sólo en labios, no sólo en sus ojos brillantes, sino en todo su ser… En su aroma, en sus movimientos… Ella volteó al escuchar su nombre y sonrío de la misma forma; abrió los brazos, y la atrapó cuando se lanzó sobre ella. Te extrañé Dijo ella. Se miraron, sonrieron aún más (sí, eso fue posible), a ella le bajaron por las mejillas un par de lágrimas y se besaron. En verdad se amaban. Era eso… Eran dos chicas enamoradas, felices, que se da...

Elle.

Le gustaba irse ganando las cosas. Sabía que para llegar al centro tenía que caminar bastante… Prácticamente se encontraba en un suburbio de su ciudad. Le gustaba observarla. Era la persona que más defendía y resguardaba su ser para sí misma… No podía creer que existiera alguien  así.  A veces parecía que sus acciones le dirían algo, o que alguna frase escondería un deseo o mensaje. Nada… No podía analizarla, no podía saber qué pensaba, y cuando torpemente se lo preguntaba (“Qué piensas?”) ella dulcemente sonreía y callaba, o si estaba en verdad de buen humor cambiaba de tema a algo amable, algo de lo que pudiesen hablar por mucho tiempo. Le gustaba. Simplemente quería cada uno de esos cabellos suaves entre sus dedos; quería ver sus ojos sonrientes después de un beso a oscuras en la Cineteca; quería caminar y saber cómo percibía ella su mundo, quería aprender su mundo; quería rodear su delicado cuerpo con sus brazos y besar su cuello. Y no sabía por qué quería todo eso… Si...

Eso dicen.

Pensaba que quizá soy tan parecida a ti que simplemente por eso no embonamos. Pensaba que soy un asco en esto de enamorarse. Pensaba que soy muy joven para amar. Y pensaba que aún así me gustas, te quiero y el pensar en ti todo el tiempo con esta sensación en la piel adjunta debería ser el síntoma de “enamoramiento” (¡o al menos eso dicen!) Para Paola

Llegando a la cima de la montaña.

La vida aún no me da suficiente madrazos amorosos como para entender que no debo dejarme caer… Por una parte me entusiasma lo que mi piel recorre cuando te siento cerca; por otra, temo ser la única con este sentir. Temo que sólo sea un juego. Temo que lo que digas no sea sincero. Temo a la desilusión… Y a pesar de ello… Me estoy cayendo… Sólo espero que estés detrás de mí para atraparme.

Mataron a Lulú.

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Estaba esperando a cruzar División del norte en esquina con Xicotencatl. Había sólo una señora junto a mí y algunos estudiantes detrás. Entonces fue que me quedé pensando… En si tenía un caso ir a verte… En cómo sentirán las demás personas el amor; en que siento que mi vejez de 30 años cada que despierto se torna un año más vieja; en que siento que no he hecho nada productivo… Nada que realmente me apasione… Nada que amerite mi respeto. Fue entonces cuando dentro de mi controversia mental (consideremos que veía fijamente a un lugar, de tan ensimismada que estaba) la vida me envió algo. Los carros de División pasaban a una velocidad media. Esa avenida tiene muchos semáforos, y es todo un lío cruzar Churubusco. El trolebús se paró para que las personas en la estación subieran, y un auto, que me pareció un Shadow, pasó rápidamente junto a él (y a tres carriles de mí); su desesperación por pasar el color amarillo del semáforo hizo volar mi cabello. Arrojaron desde el interior del auto ...

El otoño.

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El amor, después del amor, después del amor, y después de mi más reciente amor, eres tú. Recuerdas ese otoño? Hacía tanto frío… Siempre me resguardabas en tus brazos y me dabas un beso que apenas tocaba mi piel. Apenas la tocaba, y me erizaba. Fue ahí cuando supe… Que te amaba. Te amaba de verdad.