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Mostrando las entradas de mayo, 2012

Besar bien.

A mí ya me besaron bien. No he tenido que besar a muchas personas después de haber sido besada bien por ella para saberlo: su química complementaba la mía. No era en su totalidad del físico que con facilidad me atrae pero sin duda tenía ese "algo" hecho especialmente para mí. En su mirada intensa, sensual, fuerte y atrayente lo veía. Brillaba inhumanamente cada que clavaba sus ojos en los míos.  Para mi desgracia, ella era esa persona a quien estaba destinada a perder siempre: intentaría en vano hasta el cansancio que ella estuviera junto a mí para besarme, porque entre ella y yo se formaba una explosión de emociones gracias a las cuales nos besábamos todo el tiempo. Muchos de nuestros besos ya no necesitaban de nuestros labios acariciándose… Nosotras ya nos besábamos con suspirar. Nos besábamos con sonreír. Nos besábamos al mirarnos. Y la perdí… Nos perdimos en este mar de casualidades. (¿Algún día de los que me restan volveré a sentir ese beso? Debe existir al...

Besar bien. (Preámbulo).

No es cliché esa idea de que a uno se le para el corazón. En realidad en ese momento ocurre una de esas vivencias extrañas porque, aunque existe el movimiento, uno se queda estático. El corazón se detiene de tan rápidos que son sus latidos, pero la persona a quien éste pertenece sigue viva. Uno sonríe. Las manos buscan amarrarse a la otra persona (estar unidos por los labios nunca es suficiente) tomándole por la cintura, abrazándola, acariciándole el cuello, su cabello pasando por entre sus dedos. Se aproximan tanto que el calor de sus pechos se mezcla y provoca aquél movimiento extraño del corazón. Se siente la felicidad, la tranquilidad, el vértigo, la falta de aire, el deseo y el cariño, todo en solo dos segundos. Es increíble cómo somos capaces de sentir tanto al mismo tiempo y cómo la mezcla de tantas emociones puede hacernos explotar. No creo que haya quienes besan bien y quienes besan mal. Creo que es algo… "Químico". Cada ser tiene a su correspondiente igual e...

La hoja del sauce ciego.

Una hoja cae. El árbol que la amarraba la ha soltado. El viento la hace cambiar de dirección pero en algún momento tendrá que caer al río que se encuentra a unos centímetros de ella; está apacible, aguardando. Dejará de ser apacible en cuanto la hoja provoque el rompimiento de la tensión superficial de sus aguas y con ello comience su movimiento fiero, violento. En realidad el viento la retiene sobrevolando porque teme que el río despierte. El problema es que la hoja ha caído. Ya no hay vuelta atrás. Es cuestión de tiempo. Tiempo. Aquél que nunca es justo. Podría pasar un siglo o un segundo. Es vago. Nunca nos revelará sus misterios. Así que solo aguardo.  Sí, tengo miedo. Cuando veía que a esa hoja le faltaba poco por soltarse me alarmé, pero creí que nunca se separaría del árbol. Y de hecho es irónico… Porque yo la arranqué. Me senté abrazada por las raíces del enorme sauce ciego del que la arranqué y la solté sobre el río; ahora observo cómo el viento hace lo posible p...
En esas chozas comen los pescadores ¡gambas y grillos! Basho

Cuando tiras la primera ficha de una fila de dominós puestos de pie.

Un muy buen amigo mío solía discutir conmigo acerca del destino. Él dice que no existe. Yo creo en él por sobre todas las cosas. Hace poco más de un año se me hicieron presente una serie de oportunidades en un lapso de 10 minutos, de las que derivó un encuentro que tuve con una persona a quien no hubiese querido ver. Eso, de hecho, está redactado en la entrada "Lunes horrendo" de este blog.  Y me es curioso que siempre me pasen este tipo de "destinos a lapso corto" (como he empezado a llamarle) con la misma persona. El lunes la vi. Me retrasé en la salida de una conferencia que tuve en ENP 5; tomé el autobús que va de Textitlán a Gabriel Mancera y que pasa por Coyoacán. El reloj marcaba cuarto para las tres justo cuando el conductor se pasó una señal de alto y llegó a esa parte de Pacífico donde ella da vuelta para ir a su casa. Y cuando vi por la ventana… De nuevo el neón naranja. De nuevo esa cara. Pero no de nuevo la emoción. Bueno, ya era tiempo, pensé...

Así murió el amor.

Hasta cierto punto he comprendido de qué iba esto. O bueno, de qué iba con ella. Todo fue un juego. Entendí de una manera un tanto… "Extraña", que esto del tiempo medido en años entre personas tiene un peso especial. Yo se que no lo es en todos los casos. Vamos, que no todo es para el cien por ciento de los seres humanos. Pero al menos, ésto es así en el noventa por ciento de ellos. Se que a veces doy mucha vuelta al intentar describir las cosas, pero me es necesario. Así puedo leer posteriormente lo que escribo y decirme: "claro, todo está clarísimo". De hecho, es una de las razones por las que logré abrir los ojos. Gracias a lo escrito hace dos años me afirmé muchas cosas. Y justo hoy a las once y tantos minutos (o bueno, ayer), dentro de mí fue apretado aquél botón. Ya no hay retorno. Se ha podrido. Me lo imagino como una explanada en un pueblo medieval. El amor estaba aguardando temeroso, esperando a que lo salvaran. Tenía la esperanza de que llegara alg...

Aquél lugar al que van las cosas perdidas.

Los paraguas son los objetos que más se pierden. No tengo prueba de ello pero pienso que debe ser así. Los paraguas y los teléfonos celulares. Me pregunto (como muchas otras personas se han cuestionado) a dónde irán a parar aquellas cosas. Yo sí creo en que hay un lugar a donde llegan. Inmediatamente de que uno las abandona y quedan a la deriva del mundo, son transladadas a ese lugar donde nadie tiene dueño ni alguien que se percate de su ausencia, que le eche de menos. Quizá sea un almacén, o un distrito, o una isla o un planeta. Llegar ahí debe ser el temor más grande compartido por todos y todo. Hasta cierto punto es más doloroso que la muerte. Imagino cómo es aquél lugar. Si es almacén (o bodega) es completamente blanco; no hay ventanas ni puertas ni tragaluces. Si es distrito, isla o planeta, es árido, plano; no hay árboles, ni aire, ni sol, ni agua ni alimento. Se ve al horizonte y se vislumbra...