Blackjack.
Con toda la felicidad que cabe en el cuerpo de una chica de 1.60 metros a punto de cumplir 21 años escribo mis últimas líneas, mis últimas palabras, el final. "No lo veas así", me dijo. Es que no es algo malo, pienso yo. El que este sea un final no significa que lo que estoy a punto de empezar sea "malo", o que esté deprimida al respecto. De hecho este es el primer cumpleaños en que no me deprimo. Raro, ¿no? Así pues, me animo a describir un poco acerca de este final. Traigo puesta una blusa estilo Wally ("¿Dónde está Wally?") que reafirma un poco el salto hipster que me vi obligada a dar por ser tocada por Zú y por Jime; aún traigo puestos los pantalones y me amarré el cabello que cada día se esfuerza por ser más rebelde y estorboso. Escucho a The Vaccines… Recuerdo. Estaba leyendo "Nombrarte para que existas" y recordé que el día en que nos reencontramos vi a la lluvia venir a mí por segunda vez en mi vida. ¿Cómo no lo supe ento...