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Mostrando las entradas de 2012

Blackjack.

Con toda la felicidad que cabe en el cuerpo de una chica de 1.60 metros a punto de cumplir 21 años escribo mis últimas líneas, mis últimas palabras, el final. "No lo veas así", me dijo. Es que no es algo malo, pienso yo. El que este sea un final no significa que lo que estoy a punto de empezar sea "malo", o que esté deprimida al respecto. De hecho este es el primer cumpleaños en que no me deprimo. Raro, ¿no? Así pues, me animo a describir un poco acerca de este final. Traigo puesta una blusa estilo Wally ("¿Dónde está Wally?") que reafirma un poco el salto hipster que me vi obligada a dar por ser tocada por Zú y por Jime; aún traigo puestos los pantalones y me amarré el cabello que cada día se esfuerza por ser más rebelde y estorboso. Escucho a The Vaccines… Recuerdo.  Estaba leyendo "Nombrarte para que existas" y recordé que el día en que nos reencontramos vi a la lluvia venir a mí por segunda vez en mi vida. ¿Cómo no lo supe ento...

Strangers.

Un gemido. Empieza la música. Cuatro paredes y un gran ventanal nos encierran. A través del vidrio se ve una obscuridad abismal, soberbia. Las luces que nacen del asfalto hacen sombras aquí dentro. Mis manos están húmedas como mi vientre, mis piernas y mi boca. Siento a las hormigas nómadas danzando de un lado a otro de mi cuerpo, desde mi nuca hasta mis labios, de mis labios a mis muslos, del centro de mi placer a la punta de mi lengua. Las texturas inducen. El aroma que desprende me hierve. Sáciame… Le pido. Oh… [La acaricio entre las piernas]. Can anybody see the light? [Entro] Where the morn meets the dew [salgo lentamente] and the tide rises… [La miro. La beso]. Está lloviendo... Did you realise, no once can see inside your view [Entro. Le acaricio el cabello con la mano izquierda. Bajo lentamente a su cuello]. Did you realise, for why this sight belongs to you. Me abandono a la delicada textura de sus labios. La beso y ella me sacia. Aprieto con mis manos sus muslos...

Mesas descalzadas.

Si tomamos dos objetos con las mismas características físicas o esenciales podríamos afirmar que A es igual a A. Error. Desde que son dos, ya no son iguales. Nos sentamos a una mesa que elegí yo. Había dos mesas. Elegí "esa". Se movía levemente hacia su derecha. Nos gustó que se moviera tímidamente porque no intentamos remediarlo. "Teníamos una hora". Comíamos, platicábamos, reíamos, fumábamos y coqueteábamos. Mejor dicho: coqueteábamos mientras comíamos, platicábamos, reíamos y fumábamos. El postre estaba en la comisura derecha de mi boca. Esa hora que jamás nos perteneció, desapareció, y entramos al mejor cuarto obscuro, ese donde se mete uno a la mitad de los sueños de alguien. Y ahí estábamos, con un montón de imágenes moviéndose frente nuestro mientras una fuerza y tensión intensa llovía sobre las dos. Nos rige. Nos llueve. Nos hizo terminar acariciándonos suave y sensualmente las palmas de las manos. Sentía las vibraciones mágicas en mi cuerpo. Suspirábamos...

24

Ahí estaban los dos cuerpos. Se movían produciendo el calor que necesitaban para volver a fundirse en esa única pieza perfecta. Aristófanes no podía haber estado equivocado. Volverían a ser la primera mujer.  Se miraron por última vez a los ojos. Sus miradas deshilaban el tejido de sus pupilas. Respiraron el aliento de la otra mientras sus manos exploraban aquél otro cuerpo hermoso e imperfecto. Recostadas una sobre la otra se acariciaron, recorrieron con la yema de sus dedos su órgano más extenso. Sus dos manos podían tomar sus dos senos, sus dos piernas, su cadera. Podía dibujar una silueta de colores imaginarios pasando sus manos por las curvas que la torneaban. Dejaban sus pieles expuestas en ese lugar donde sabían que sólo la otra la vería y al tocarla no la dañaría. Entonces las caricias comienzan a entibiar y endulzar los cuerpos. Las manos que tocan, hierven. El cuerpo que es tocado, escurre. Salivan. Se mojan los labios. Se erizan sus pieles. Se miran y gimen. Con su...

No sabía que era capaz de herir a alguien tan hondamente que jamás se repusiera.  A veces, hay personas que pueden herir a los demás por el mero hecho de existir. Al sur de la frontera, al oeste del sol.

Nombrarte para que existas.

Escuché venir a alguien detrás de mí. Su aroma me llegaba en sus últimas notas y se filtraba, travieso, por mis fosas nasales. M e embriagaba [ delicioso ]. V olteé sobre mi hombro,  y la vi.  Venía corriendo: quería alcanzarme. Di media vuelta y la contemplé. La dejé llegar y abrazarme. Llegó tranquila, dulce, delicada. Al tocarme erizó mi piel e hizo a mi cuerpo estremecerse. Me abrazó más fuerte. Me mojé. Levanté la cara para mirarle mejor y me besó. Cerré los ojos. Besó mis ojos, besó la punta de mi nariz, besó mis mejillas y mis labios, besó mi cuello. Mi rostro quedó empapado, cada uno de mis cabellos escurría y se adhería a mi piel. Pasado algunos segundos me percaté de que un beso se había quedado en mis pestañas. La miré de nuevo. Quería que dijera su nombre, lo sabía. En su petición intuía que deseaba existir [ aquello que no existe no puede ser nombrado ] . Sonreí. Lluvia. Eres lluvia. Y azotó con toda su belleza. Para Jimena

El atrapasueños.

Hacia el año 2012 dejé de soñar. Apenas tenía 20 años. Creo que fue precipitado; decía muchas veces estar "vieja" pero ni en espíritu ni en marcas de piel lo era. Muchas veces había preguntado a los demás: "¿qué crees que es mejor, saber la fecha exacta en que las cosas sucedieron o no saberlo?" y yo misma me respondía "es mejor saberlo; al menos, ya sabes". Yo recuerdo exacto el día en que desperté y traté de recordar qué había soñado para encontrarme con un muro blanco y ese era un conocimiento que me atormentaba todas las mañanas de mi vida. Y yo, antes de eso, soñaba cosas maravillosas e irracionales. Una vez soñé con un mundo en tonos azulados en el que veía cosas que seguro fueron sacadas de la mente de Dalí. Otra vez soñé que tenía por amigo a Tom Hanks y juntos íbamos a una festival  de música tipo Lollapalooza en el que nos ligábamos a un par de viejitas. Otra vez soñé que existía una estación del metro donde se unían todas las líneas y la a...

Cuando escribo lo hago, por sobre todas las cosas, para cambiarme a mí mismo y no pensar lo mismo de antes. Foucault.

Nostalgia I

Recuerdo ese otoño. Éramos jóvenes, la ciudad no estaba tan contaminada como hoy, las hojas que se amontonaban en las calles de Coyoacán crujían bajo nuestros pies con ese sonido que se quedó pegado a ese instante. Cada día compraba un Arizona de frambuesa; fumaba Faros (con y sin filtro) y mi canción favorita era (sigue siendo) Utsukushiku Moeru Mori y Blow your Mind. Leía El amor en los tiempos del cólera, Las batallas en el desierto, Entre las sombras y cuentos de Cortázar. Quería ser arquitecta, periodista, cineasta, fotógrafa, psicóloga, concertista. En la ENP 6 habían terminado de construir una biblioteca horrible donde pasaba mis ratos más amenos. El rumor acerca de la cafetería en ella era sólo eso, así que seguíamos comiendo afuera con Doña Pelos o en El Rincón. El Tótem tenía una tanga de chicle, el pulpo era más tierra que pasto, la alberca estaba sucia y el agua que contenía estaba fría. De vez en cuando, veíamos desfilar al abogordo, a la bastarda, a la señora de la...

Todos tienen algo de felicidad y esta es la mía.

El 2012 está siendo un año especial. O quizá no sea tan especial… ¿Cómo saberlo? Pienso que solo es que he crecido y ahora medito un poco más sobre lo que a uno le sucede diario. Quizá es que al fin me estoy encontrando. O quizá sí es un año especial. Veamos… Tengo una familia sana. Es lo primero que viene a mi mente cuando pienso en  "estabilidad". Me hace feliz saber que algunas de las personas que lean esto sabrán a qué me refiero y, bueno, precisamente esas personas son la otra parte de mi estabilidad. Pienso en mis perros (de: acabo de leer lo que escribió una de mis mejores amigas en su blog sobre su nueva mascota). Pienso, como ella, que no todos están calificados para adoptar a una. Quizá yo no sea la mejor para decirlo porque a veces discuto con mis hermanos para que alguien de los tres los saque a dar un paseo, pero sí creo que me desvivo por ellos. Cada que veo un perro o gato callejero, siento una emoción extraña que me empuja a querer llevarlo a casa conmigo...

Collage.

Quiero darte gotas de la lluvia en un beso Me gustan los collages porque son como el caos de nuestra mente. Siempre he intentado hacer alguno (visual) que exprese enteramente una idea y a la vez no exprese algo en concreto pero nunca lo he logrado. Me encantan porque me son imposibles de hacer. Tengo un poco la manía de querer tener un tema siempre que creo algo, o siempre tener una idea de hacia donde voy aunque esté dando un paseo "sin dirección". No estoy destinada a los collage pero cómo amo intentar hacerlos. Hoy cantaron para mí por primera vez. Excluyendo "las mañanitas", nunca alguien me había cantado. Sonreía mientras la miraba rasgando las cuerdas de su guitarra y abriendo sus labios para dejar salir su voz. Su hermosa voz. Me dijo que llenaba su vida de luz. Me dijo que era su cielo, su tierra y su mar. Mi corazón se hizo dos veces más grande y empezó a empujarse contra las paredes de mi cuerpo que sólo parecían aprisionarlo. Me di cuenta de mi pi...

Sólo así no nos limita el cuerpo.

Siento que las manos son como las raíces de los árboles, de esos que parecen estar hartos de pertenecer a las calles de la ciudad y levantan sus raíces destruyendo el pavimento. Así son: una parte de nuestro cuerpo que se niega a limitarse por el espacio. Por momentos, podemos ser parte de la tierra al hundir los dedos de las manos o inclusive también los de los pies en ella. De la misma forma, podemos meter nuestras manos en la obscuridad y convertirnos en ausencia, en cosmos, en noche. Y así podemos ser todo. O podemos ser agua. O podemos ser tiempo. Y si entrelazas tus dedos con los míos entonces siento que soy más parte de ti. Para Jimena

No es culpa de Antonio José Bolivar.

"[…] El Sucre desembarcó a una pareja de funcionarios estatales, quienes al instalarse en una mesa bajo el portal de la alcaldía fueron tomados por recaudadores de algún nuevo impuesto. El alcalde se vio obligado a usar todo su escaso poder de convicción para arrastrar a los escurridizos lugareños hasta la mesa gubernamental. Ahí, los dos aburridos emisarios del poder recogían los sufragios secre tos de los habitantes de El Idilio, con motivo de unas elecciones presidenciales que habrían de celebrarse un mes más tarde. Antonio José Bolivar llegó también hasta la mesa. -¿Sabes leer?- le preguntaron. -No me acuerdo -A ver. ¿Qué dice aquí? Desconfiado, acercó el rostro hasta el papel que le tendían y se asombró de ser capaz de descifrar los signos oscuros. -El se-ñor-señor-can-di-da-to-cand idato. -¿Sabes? Tienes derecho a voto. -¿Derecho a qué? -A voto. Al sufragio universal y secreto. A elegir democráticamente entre los tres candidatos que aspiren a la primera magistratura. ¿Entien...

Besar bien.

A mí ya me besaron bien. No he tenido que besar a muchas personas después de haber sido besada bien por ella para saberlo: su química complementaba la mía. No era en su totalidad del físico que con facilidad me atrae pero sin duda tenía ese "algo" hecho especialmente para mí. En su mirada intensa, sensual, fuerte y atrayente lo veía. Brillaba inhumanamente cada que clavaba sus ojos en los míos.  Para mi desgracia, ella era esa persona a quien estaba destinada a perder siempre: intentaría en vano hasta el cansancio que ella estuviera junto a mí para besarme, porque entre ella y yo se formaba una explosión de emociones gracias a las cuales nos besábamos todo el tiempo. Muchos de nuestros besos ya no necesitaban de nuestros labios acariciándose… Nosotras ya nos besábamos con suspirar. Nos besábamos con sonreír. Nos besábamos al mirarnos. Y la perdí… Nos perdimos en este mar de casualidades. (¿Algún día de los que me restan volveré a sentir ese beso? Debe existir al...

Besar bien. (Preámbulo).

No es cliché esa idea de que a uno se le para el corazón. En realidad en ese momento ocurre una de esas vivencias extrañas porque, aunque existe el movimiento, uno se queda estático. El corazón se detiene de tan rápidos que son sus latidos, pero la persona a quien éste pertenece sigue viva. Uno sonríe. Las manos buscan amarrarse a la otra persona (estar unidos por los labios nunca es suficiente) tomándole por la cintura, abrazándola, acariciándole el cuello, su cabello pasando por entre sus dedos. Se aproximan tanto que el calor de sus pechos se mezcla y provoca aquél movimiento extraño del corazón. Se siente la felicidad, la tranquilidad, el vértigo, la falta de aire, el deseo y el cariño, todo en solo dos segundos. Es increíble cómo somos capaces de sentir tanto al mismo tiempo y cómo la mezcla de tantas emociones puede hacernos explotar. No creo que haya quienes besan bien y quienes besan mal. Creo que es algo… "Químico". Cada ser tiene a su correspondiente igual e...

La hoja del sauce ciego.

Una hoja cae. El árbol que la amarraba la ha soltado. El viento la hace cambiar de dirección pero en algún momento tendrá que caer al río que se encuentra a unos centímetros de ella; está apacible, aguardando. Dejará de ser apacible en cuanto la hoja provoque el rompimiento de la tensión superficial de sus aguas y con ello comience su movimiento fiero, violento. En realidad el viento la retiene sobrevolando porque teme que el río despierte. El problema es que la hoja ha caído. Ya no hay vuelta atrás. Es cuestión de tiempo. Tiempo. Aquél que nunca es justo. Podría pasar un siglo o un segundo. Es vago. Nunca nos revelará sus misterios. Así que solo aguardo.  Sí, tengo miedo. Cuando veía que a esa hoja le faltaba poco por soltarse me alarmé, pero creí que nunca se separaría del árbol. Y de hecho es irónico… Porque yo la arranqué. Me senté abrazada por las raíces del enorme sauce ciego del que la arranqué y la solté sobre el río; ahora observo cómo el viento hace lo posible p...
En esas chozas comen los pescadores ¡gambas y grillos! Basho

Cuando tiras la primera ficha de una fila de dominós puestos de pie.

Un muy buen amigo mío solía discutir conmigo acerca del destino. Él dice que no existe. Yo creo en él por sobre todas las cosas. Hace poco más de un año se me hicieron presente una serie de oportunidades en un lapso de 10 minutos, de las que derivó un encuentro que tuve con una persona a quien no hubiese querido ver. Eso, de hecho, está redactado en la entrada "Lunes horrendo" de este blog.  Y me es curioso que siempre me pasen este tipo de "destinos a lapso corto" (como he empezado a llamarle) con la misma persona. El lunes la vi. Me retrasé en la salida de una conferencia que tuve en ENP 5; tomé el autobús que va de Textitlán a Gabriel Mancera y que pasa por Coyoacán. El reloj marcaba cuarto para las tres justo cuando el conductor se pasó una señal de alto y llegó a esa parte de Pacífico donde ella da vuelta para ir a su casa. Y cuando vi por la ventana… De nuevo el neón naranja. De nuevo esa cara. Pero no de nuevo la emoción. Bueno, ya era tiempo, pensé...

Así murió el amor.

Hasta cierto punto he comprendido de qué iba esto. O bueno, de qué iba con ella. Todo fue un juego. Entendí de una manera un tanto… "Extraña", que esto del tiempo medido en años entre personas tiene un peso especial. Yo se que no lo es en todos los casos. Vamos, que no todo es para el cien por ciento de los seres humanos. Pero al menos, ésto es así en el noventa por ciento de ellos. Se que a veces doy mucha vuelta al intentar describir las cosas, pero me es necesario. Así puedo leer posteriormente lo que escribo y decirme: "claro, todo está clarísimo". De hecho, es una de las razones por las que logré abrir los ojos. Gracias a lo escrito hace dos años me afirmé muchas cosas. Y justo hoy a las once y tantos minutos (o bueno, ayer), dentro de mí fue apretado aquél botón. Ya no hay retorno. Se ha podrido. Me lo imagino como una explanada en un pueblo medieval. El amor estaba aguardando temeroso, esperando a que lo salvaran. Tenía la esperanza de que llegara alg...

Aquél lugar al que van las cosas perdidas.

Los paraguas son los objetos que más se pierden. No tengo prueba de ello pero pienso que debe ser así. Los paraguas y los teléfonos celulares. Me pregunto (como muchas otras personas se han cuestionado) a dónde irán a parar aquellas cosas. Yo sí creo en que hay un lugar a donde llegan. Inmediatamente de que uno las abandona y quedan a la deriva del mundo, son transladadas a ese lugar donde nadie tiene dueño ni alguien que se percate de su ausencia, que le eche de menos. Quizá sea un almacén, o un distrito, o una isla o un planeta. Llegar ahí debe ser el temor más grande compartido por todos y todo. Hasta cierto punto es más doloroso que la muerte. Imagino cómo es aquél lugar. Si es almacén (o bodega) es completamente blanco; no hay ventanas ni puertas ni tragaluces. Si es distrito, isla o planeta, es árido, plano; no hay árboles, ni aire, ni sol, ni agua ni alimento. Se ve al horizonte y se vislumbra...

Las paradojas que ocurren en Magisterio Nacional entre Allende e Hidalgo.

Hay en el centro de Tlalpan una calle que te hace regresar en el tiempo. Basta con pasar en automóvil a 20 km/h. Es justo en Magisterio Nacional, entre Allende e Hidalgo. Es claro que uno tiene que doblar sobre M. N. desde Allende, pues así es el sentido de la calle. Asciende. La experiencia es más prometedora si uno va hacia la hora del crepúsculo. Lo único "malo" es que uno no decide a qué momento de su vida va a regresar, ni puede interferir en él. En realidad, uno no vuelve a vivir ese momento. Lo que ocurre es que uno lo observa, lo mira, se ve a sí misma viviéndolo (en el tiempo en que ocurrió). Bien sabemos que si pudiésemos regresar a un día y hora en específico estaríamos en el lugar donde nos encontrábamos ese día a es ahora. Nuestra esencia estará ahí siempre. ¿Acaso no quisieran, a veces, verse a sí mismos? ¿Verse llorando o sonriendo? ¿Haciendo el amor con aquella persona que siempre perdieron? ¿Cometiendo el más grande error de su existencia? Uno vira a la...

Flash a un pasado lejano y a uno que no lo es tanto. Al final, pasados ambos.

Para hacerme sonreír puedo fácilmente sentarme a recordar. ¿Que si recuerdo? Claro, recuerdo todo. No recuerdo quizá mi primer dulce o la primera vez que alguien me dijo "te amo", pero todo acerca de nosotras  lo tengo conmigo. Intocable. El primer día nos tomamos de la mano, nos abrazamos, nos besamos. Entré por primera vez a su casa. En ese momento no lo sabía, pero esa fue la primera de un infinito contado.  Recuerdo la primera y la última vez que te vi. En ambas ocasiones vestías de color negro. Tu cabello y tu aroma cambiaron; tu expresión también… La forma en que me mirabas.  Recuerdo la primera y la última vez que nos abrazamos. La primera en un parque en Coyoacán; me tomaste por detrás sin saber que es mi forma favorita de ser abrazada. Me descubrías, me olías. La última vez fue diferente. Te apreté fuerte porque dentro de mí sabía que era el último. Quería aferrarme a ti para que, al menos, tu aroma se impregnara en mi cuerpo para siempre. Recuerdo la ...

Historia de una vida.

Nació el 14 de abril de 2010. Se enfermó el 24 de marzo 2012. Sufrió por dos semanas. Falleció el 9 de abril del mismo año. Luto. Resignación. Para Paola