Blackjack.
Con toda la felicidad que cabe en el cuerpo de una chica de 1.60 metros a punto de cumplir 21 años escribo mis últimas líneas, mis últimas palabras, el final.
"No lo veas así", me dijo. Es que no es algo malo, pienso yo. El que este sea un final no significa que lo que estoy a punto de empezar sea "malo", o que esté deprimida al respecto. De hecho
"No lo veas así", me dijo. Es que no es algo malo, pienso yo. El que este sea un final no significa que lo que estoy a punto de empezar sea "malo", o que esté deprimida al respecto. De hecho
este es el primer cumpleaños en que no me deprimo.
Raro, ¿no?
Así pues, me animo a describir un poco acerca de este final.
Traigo puesta una blusa estilo Wally ("¿Dónde está Wally?") que reafirma un poco el salto hipster que me vi obligada a dar por ser tocada por Zú y por Jime; aún traigo puestos los pantalones y me amarré el cabello que cada día se esfuerza por ser más rebelde y estorboso. Escucho a The Vaccines… Recuerdo.
Estaba leyendo "Nombrarte para que existas" y recordé que el día en que nos reencontramos vi a la lluvia venir a mí por segunda vez en mi vida. ¿Cómo no lo supe entonces? Llegar mojada ese día no había sido cualquier cosa. Llegar no había sido cualquier cosa.
Estoy sentada en mi escritorio y miro por la ventana. Las tinieblas son hermosas. Busco mi luna y no la encuentro. ¿Se la habrá llevado con ella?
Mi último helado fue de Nutrisa. Mi última obra de teatro fue Las batallas en el desierto (la cual, me acabo de dar cuenta, dice mucho de ti). Mi último paseo fue por el corredor Madero en el centro histórico. Mi último café fue de Emir. Mi última visita a un museo la hice en noche de museos al Franz Mayer y fue para ver la exposición "World Press Photo 2012". Mi última película en el cine fue Hecho en México. Mi último concierto fue el Corona Capital. Mi último día lo compartí con dos personas a las que amo. Mi última cena fueron esquites. Mi último libro fue Los vagabundos del Dharma. Mi último escrito fue para ella. Mi último suspiro fue para ella. Mi último beso se lo di a ella. Mi último pan fue una concha de chocolate. Mi último soundtrack fue de Ella Fitzgerald. Mi último brindis fue por ella. Mi último pensamiento fue ella.
Este año fue extraño; eso me encanta. Empecé bien, continué y decaí, continué para levantarme y caerme fuerte, pero terminé más feliz de lo que he sido en toda mi existencia y con una sorpresa maravillosa encarnada en una mujer acompañándome y atreviéndose a empezar esta nueva travesía a mi lado. No podría pedir más porque no lo imagino. Tal no existe.
Las personas que continuaron a mi lado son aquellas a quienes amo con todo lo que soy y por quienes lucho y doy vida sin dudas. Mi familia, sana y unida, formada por las personas a quienes me conecto de manera sanguínea y por las personas a quienes la vida puso en mi camino para brindarme todas las felicidades de las que somos posibles de dar. A ellos les debo todo. Es definitivo que sin ellos no habría logrado ser la mujer que soy hoy, 18 de octubre del año 2012 a las 11:03 de la noche.
Gracias por la luz. Gracias por la sombra. Gracias por tomar mi mano y acariciarla, por hacerle cosquillas, por besarla, por abrazarla. Gracias por los oídos, por las palabras (siempre las palabras), por las miradas, por la razón, por los aromas y por la memoria. Gracias por las fiestas locas. Gracias por las salidas al cine, por los libros, por los cassettes, por los paseos, por los innumerables obsequios en forma de sonrisa a mi corazón. Gracias por el apoyo, por el ánimo, por las atrapadas. Gracias por el aguante. Gracias… Por lo finito. Por las horas y por el eterno retorno. Gracias por las peleas y por las muertes. Gracias por verme… Gracias por leerme.
Gracias a Murakami por acompañarme todo este año. Me fue fiel y me escribió en todas sus letras. Le fui fiel y lo encarné con la pasión que puedo poseer.
Gracias al jazz, gracias al funk, gracias a los noventas.
Gracias a la escritura.
Gracias al piano.
Gracias al surrealismo.
Gracias a los ciclos.
Gracias a los reencuentros.
Me siento… Con un vértigo extremo. He pensado mucho "dicen que cuando uno alcanza la felicidad máxima es cuando muere". Lo temo. Yo podría morir pronto… Y si no muero pronto, entonces temo y sonrío más: significará que me espera una felicidad más grande que esta y me parece tan exorbitante pensar en que algo así exista que ya espero que llegue.
Los veinte definitivamente pasaron rápido (gracias al sol). Me siento en la cima… Hay mucho que tengo planeado para el resto de mis días y espero… Que la vida me alcance.
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