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Mostrando las entradas de septiembre, 2012

Strangers.

Un gemido. Empieza la música. Cuatro paredes y un gran ventanal nos encierran. A través del vidrio se ve una obscuridad abismal, soberbia. Las luces que nacen del asfalto hacen sombras aquí dentro. Mis manos están húmedas como mi vientre, mis piernas y mi boca. Siento a las hormigas nómadas danzando de un lado a otro de mi cuerpo, desde mi nuca hasta mis labios, de mis labios a mis muslos, del centro de mi placer a la punta de mi lengua. Las texturas inducen. El aroma que desprende me hierve. Sáciame… Le pido. Oh… [La acaricio entre las piernas]. Can anybody see the light? [Entro] Where the morn meets the dew [salgo lentamente] and the tide rises… [La miro. La beso]. Está lloviendo... Did you realise, no once can see inside your view [Entro. Le acaricio el cabello con la mano izquierda. Bajo lentamente a su cuello]. Did you realise, for why this sight belongs to you. Me abandono a la delicada textura de sus labios. La beso y ella me sacia. Aprieto con mis manos sus muslos...

Mesas descalzadas.

Si tomamos dos objetos con las mismas características físicas o esenciales podríamos afirmar que A es igual a A. Error. Desde que son dos, ya no son iguales. Nos sentamos a una mesa que elegí yo. Había dos mesas. Elegí "esa". Se movía levemente hacia su derecha. Nos gustó que se moviera tímidamente porque no intentamos remediarlo. "Teníamos una hora". Comíamos, platicábamos, reíamos, fumábamos y coqueteábamos. Mejor dicho: coqueteábamos mientras comíamos, platicábamos, reíamos y fumábamos. El postre estaba en la comisura derecha de mi boca. Esa hora que jamás nos perteneció, desapareció, y entramos al mejor cuarto obscuro, ese donde se mete uno a la mitad de los sueños de alguien. Y ahí estábamos, con un montón de imágenes moviéndose frente nuestro mientras una fuerza y tensión intensa llovía sobre las dos. Nos rige. Nos llueve. Nos hizo terminar acariciándonos suave y sensualmente las palmas de las manos. Sentía las vibraciones mágicas en mi cuerpo. Suspirábamos...