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Mostrando las entradas de 2013

Nunca digas "adiós".

Después de la operación todo empeoró. Todo indicaba que el cáncer se había aferrado a su cuerpo como las garrapatas, succionando su alegría, su fuerza. Es cierto que cuando un ser amado se enferma, todos quienes le rodean enferman con él. Todos en casa lo amamos. Quizá es el ser a quien aprendimos a amar por primera vez ya con conciencia de lo que es el amor. Ver desde los inicios de vida a un ser tan maravilloso que va, poco a poco, descubriendo el mundo, es de las cosas más bellas que se pueden vivir. Él cabía perfectamente entre mis manos. Solía ser una bolita de pelo negra como la noche, con un par de canicas brillantes por ojos. Recuerdo que en mi salón de primero de secundaria tenía una compañera que estuvo triste por una semana. Cuando le preguntaron qué ocurría, ella dijo que se sentía mal porque a su perrito lo habían atropellado y había fallecido. Algunas de nuestras compañeras se rieron. Supongo que para ellas era absurdo sufrir tanto por la muerte de un animal. Pobres....

Pluvia.

"Está lloviendo otra vez", me dijo. Ya había transcurrido un año desde que nos volvimos a encontrar.  Me tomó la mano. Volteamos la cabeza para encontrarnos en miradas. Nos sonreímos dulcemente.  A veces no era necesario decir más que eso. "Está lloviendo otra vez". Y llovía afuera, y llovía adentro, y llovía en nuestro recuerdo, y llovía en nuestros ojos.  Bastaba con esa frase para repasar en nuestras mentes cada uno de esos momentos que nos fueron marcando, que nos acercaban tímidamente, que me invitaban a sentir tu tibieza, a acariciar lentamente con mi mirada cada sonrisa que dabas, erizados mis poros misteriosamente cada que llegabas a nuestros encuentros nada casuales en los que, sin querer, sin planeación y curiosamente, llovía. Entonces, tú sonreías tiernamente al verme hacer malabares y piruetas con el paraguas (porque soy torpe en muchas de esas tareas de la vida cotidiana, tales como enarbolar correctamente una sombrilla aunque sea de esas cosas ...