Nunca digas "adiós".
Después de la operación todo empeoró. Todo indicaba que el cáncer se había aferrado a su cuerpo como las garrapatas, succionando su alegría, su fuerza.
Es cierto que cuando un ser amado se enferma, todos quienes le rodean enferman con él.
Todos en casa lo amamos. Quizá es el ser a quien aprendimos a amar por primera vez ya con conciencia de lo que es el amor. Ver desde los inicios de vida a un ser tan maravilloso que va, poco a poco, descubriendo el mundo, es de las cosas más bellas que se pueden vivir. Él cabía perfectamente entre mis manos. Solía ser una bolita de pelo negra como la noche, con un par de canicas brillantes por ojos.
Recuerdo que en mi salón de primero de secundaria tenía una compañera que estuvo triste por una semana. Cuando le preguntaron qué ocurría, ella dijo que se sentía mal porque a su perrito lo habían atropellado y había fallecido. Algunas de nuestras compañeras se rieron. Supongo que para ellas era absurdo sufrir tanto por la muerte de un animal. Pobres. Ellas no sabían que ese ser no era sólo un perrito. Y yo sólo pude comprender un poco el dolor que mi compañera sentía, porque me imaginé a mí misma sufriendo la pérdida de mi negrito. "Pero bueno, eso no va a pasar. Mi negrito es eterno".
Aún a sus 12 años, él era nuestro bebé. Todo un gruñón, un ególatra. Le encantaba que lo vieran caminar y lo admiraran para después soltar un ladrido. Su caminar era muy característico… Curiosamente, caminaba como yo: parecía que iba dando saltitos. Con esos saltitos, su orejita derecha rebotaba de arriba a abajo. Esa era su "orejita feliz". Le encantaba pasear por las calles y creía que toda la manzana era su territorio.
Y…
Eventualmente, a todos nos empieza a pasar.
Oxidación.
Cansancio.
Tiempo.
No creo que exista mejor amigo que él. Vivió conmigo cosas extraordinarias. Me cubrió en muchas de mis travesuras.
Es un guerrero. Siempre ha luchado. Siempre ha sido muy fuerte y ha demostrado valor. Nos ha cuidado, nos ha dado felicidad pura y nos ha amado con toda su alma. Ahora, estoy segura de que Tombuctú lo aguarda, que sólo se va a desprender de un cuerpo que ya empieza a ser inservible para pasar a ser el aire que respire, las estrellas que haya en el cielo, la brisa que mueva la copa de los árboles.
Seres tan mágicos, tan maravillosos, tan bellos como él simplemente no tienen otro destino que ese.
Y si se supone que venimos a esta vida para hacer algo de nuestra existencia y trascender, se perfecto que él lo logró. No sólo trascendió en mí, no sólo me deja una huella a mí, sino que la deja en todos aquellos que lo conocieron y que tuvieron la fortuna de convivir con él.
Mi negrito vivirá por siempre, porque en mi mente siempre va a existir.
Nunca digas "adiós".
Ahora sí tengo curiosidad por saber si después de morir hay algo más. Sólo quisiera que hubiera "algo más" para volver a pasear por las calles contigo.
Para negrito
Es cierto que cuando un ser amado se enferma, todos quienes le rodean enferman con él.
Todos en casa lo amamos. Quizá es el ser a quien aprendimos a amar por primera vez ya con conciencia de lo que es el amor. Ver desde los inicios de vida a un ser tan maravilloso que va, poco a poco, descubriendo el mundo, es de las cosas más bellas que se pueden vivir. Él cabía perfectamente entre mis manos. Solía ser una bolita de pelo negra como la noche, con un par de canicas brillantes por ojos.
Recuerdo que en mi salón de primero de secundaria tenía una compañera que estuvo triste por una semana. Cuando le preguntaron qué ocurría, ella dijo que se sentía mal porque a su perrito lo habían atropellado y había fallecido. Algunas de nuestras compañeras se rieron. Supongo que para ellas era absurdo sufrir tanto por la muerte de un animal. Pobres. Ellas no sabían que ese ser no era sólo un perrito. Y yo sólo pude comprender un poco el dolor que mi compañera sentía, porque me imaginé a mí misma sufriendo la pérdida de mi negrito. "Pero bueno, eso no va a pasar. Mi negrito es eterno".
Aún a sus 12 años, él era nuestro bebé. Todo un gruñón, un ególatra. Le encantaba que lo vieran caminar y lo admiraran para después soltar un ladrido. Su caminar era muy característico… Curiosamente, caminaba como yo: parecía que iba dando saltitos. Con esos saltitos, su orejita derecha rebotaba de arriba a abajo. Esa era su "orejita feliz". Le encantaba pasear por las calles y creía que toda la manzana era su territorio.
Y…
Eventualmente, a todos nos empieza a pasar.
Oxidación.
Cansancio.
Tiempo.
No creo que exista mejor amigo que él. Vivió conmigo cosas extraordinarias. Me cubrió en muchas de mis travesuras.
Es un guerrero. Siempre ha luchado. Siempre ha sido muy fuerte y ha demostrado valor. Nos ha cuidado, nos ha dado felicidad pura y nos ha amado con toda su alma. Ahora, estoy segura de que Tombuctú lo aguarda, que sólo se va a desprender de un cuerpo que ya empieza a ser inservible para pasar a ser el aire que respire, las estrellas que haya en el cielo, la brisa que mueva la copa de los árboles.
Seres tan mágicos, tan maravillosos, tan bellos como él simplemente no tienen otro destino que ese.
Y si se supone que venimos a esta vida para hacer algo de nuestra existencia y trascender, se perfecto que él lo logró. No sólo trascendió en mí, no sólo me deja una huella a mí, sino que la deja en todos aquellos que lo conocieron y que tuvieron la fortuna de convivir con él.
Mi negrito vivirá por siempre, porque en mi mente siempre va a existir.
Nunca digas "adiós".
Ahora sí tengo curiosidad por saber si después de morir hay algo más. Sólo quisiera que hubiera "algo más" para volver a pasear por las calles contigo.
Para negrito
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