Círculo cuadrado.

Deberíamos dejar que el destino nos vaya juntando poco a poco; deberíamos dejar que el tiempo nos regale un encuentro.

[Mancha de café]


Por aquellos días conocí virtualmente a una mujer (curioso este fenómeno del siglo XXI en el que se pueden emplear frases como esta sin que el significado sea ajeno). De ella sabía un nombre, un número, una universidad y gustos sencillos de conocer como los colores, la música y el café de su preferencia… Y era todo.
Era curioso el asunto con ella. Gracias a la tecnología, ahora sabíamos dónde estábamos a cualquier hora del día si así lo queríamos. "Tenemos lugares en común", me afirmó un día común del que no esperaba algo más sorprendente o inesperado que una buena preparación del latte que me disponía a tomar. "Sí, lo he notado. El problema es que nunca concordamos. Quizá un día nos encontremos", respondí. 

Las tardes de verano eran deliciosas; uno ya sabía que llovería a eso de las tres de la tarde, se calmaría a las seis (justo para hacer posible de apreciar el crepúsculo) y caería una tibia noche. Después, llovía. Lluvia nocturna. Se despejaba el cielo cuando las tinieblas empezaban a flaquear… Y a las 6 comenzaba a surcar al cielo el sol. Pero principalmente, llovía. 
Cómo amaba salir a caminar bajo la lluvia. Salía a pasear para empaparme del cielo y mis pies me dirigían, siempre fieles, a Café de Carlo, a Café Emir o a The Coffe Company. 
Había algo entre el café y yo. Siempre habría algo. 

El trece de agosto por primera vez en una semana no llovió. Parecía que a las cuatro dejaría de estar nublado y así fue. La enorme nube que cubría la ciudad se movió tan rápido que ni siquiera pude voltear a mirar su desplazamiento. Un segundo estuvo y al siguiente se fue. Magia.

¿Cuántas personas se habrán sentado en este lugar? Me preguntaba siempre que llegaba a un café. Siempre me pareció divertido y místico cómo podemos mover nuestro ser a cualquier lugar sin ningún problema. Simplemente daba un paso a la izquierda y ya era Yo en otro lugar del universo, ¿o habré dejado parte de mí en aquél lugar?

El trece de agosto que no llovió, Blao me preguntó si alguna vez saldría con ella. Yo dije "por supuesto" y quedamos en dejar que ocurriese de manera fortuita. Me intrigaba cómo sería su voz, cómo serían sus manos, cómo y qué tan intimidante sería su mirada. Un "por supuesto" escondería todo aquello de forma pésima pero no me importaba. Todo indicaba que deseaba caer. 


Para Price

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