Toujours, m'amour.
Me gusta cómo transcurren nuestros minutos juntas. Corren. Acelerados, se pierden en la historia. Nunca comprenderé por qué nos odia el tiempo. Supongo que para quienes están pachecos y para quienes están enamorados, nunca es favorable.
Ojalá nuestro día diecinueve hubiera sabido que iban a hacer ese Slam Poetry sobre la primavera. Me hubiera parado en esa tarima a leerte algo frente a todos tus compañeros de trabajo. Quizá mi poema hubiese ganado algo. Normalmente, los mejores se logran con las más hermosas musas, y yo te tengo a ti.
Hacemos el amor. Fuimos echas para hacer el amor. Hacemos el amor en el auto, mientras maneja y yo tomo su mano o acaricio su cabello o su mejilla derecha. Hacemos el amor cuando nos encontramos en algún lugar público y nos miramos encarnadamente, a sabiendas de que no podemos hacernos más cerca físicamente. Hacemos el amor al relamernos los labios cuando una le mira la comisura de la boca a la otra. Hacemos el amor acariciándonos las manos. Hacemos el amor susurrándonos al oído. Hacemos el amor abrazándonos desnudas. Porque para hacer el amor no se necesita más que eso, nuestro amor.
Hoy hicimos el amor todo el día. Me tomó entre sus brazos y de pronto nos encontrábamos desnudas. Nos besamos. Nos acariciamos. Nos dimos la vida.
También hicimos el amor mientras comíamos. Fuimos al centro de Tlalpan y nos aventuramos a quedarnos en un restaurant italiano. Comimos fetuccini a los cuatro quesos con más queso, pizza vegetariana con más queso y chalupitas. Una michelada dos equis lager. Tú y la dos equis lager. Eran las 7 de la noche. El viento movía la copa de los árboles y olía a lluvia. Comimos a la luz de las estrellas; de la explanada del centro de Tlalpan; de una velita en nuestra mesa. De pronto, tras decir cuánto amo que seamos tan tercas y obstinadas las dos, de manera que ninguna se rinde, me jaló hacia sí y me besó. Fue mágico. Justo en el momento en que nuestros labios se rozaron, se fue la luz en todo el centro. Nos quedamos a la luz de la noche y de nuestra vela, comiendo pizza, mirándonos, deseándonos, suplicando que aquello no acabase jamás. Le dije que me pidiera matrimonio, que era el momento indicado. La verdad es que no había vivido momento más romántico en mi vida. Ella dijo que cuando me lo pidiera superaría ese momento. Ya quiero verlo.
Caminamos por la explanada central. Hicimos el amor con historias; hicimos el amor tomadas de la mano, explorando en los puestos de un pequeño mercado de artesanías. Entonces ocurrió… Ella compró dos pulseras. No sabía cómo expresar mi emoción… Es verdad. Es ella. Me tomó la mano y deslizó la nueva hoja de papel en blanco por mi mano. Me hizo el amor con la mirada; le grité que la amaba en mi interior. No dijimos nada. A veces nuestros silencios son de lo más hermoso que tenemos para hablarnos. Es maravilloso que nuestros cuerpos se comuniquen y se entiendan tan perfectamente.
Volvimos a su casa y jugamos poker. Ha sido el poker más sensual y excitante de mi vida. Nos dormimos… Y me trajo a casa.
Terminó el día… Tenemos un nuevo hijo. Tenemos una nueva pulsera. Y tenemos París… Siempre tuvimos París.
Para Paola
Comentarios
Publicar un comentario