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Mostrando las entradas de julio, 2012

Collage.

Quiero darte gotas de la lluvia en un beso Me gustan los collages porque son como el caos de nuestra mente. Siempre he intentado hacer alguno (visual) que exprese enteramente una idea y a la vez no exprese algo en concreto pero nunca lo he logrado. Me encantan porque me son imposibles de hacer. Tengo un poco la manía de querer tener un tema siempre que creo algo, o siempre tener una idea de hacia donde voy aunque esté dando un paseo "sin dirección". No estoy destinada a los collage pero cómo amo intentar hacerlos. Hoy cantaron para mí por primera vez. Excluyendo "las mañanitas", nunca alguien me había cantado. Sonreía mientras la miraba rasgando las cuerdas de su guitarra y abriendo sus labios para dejar salir su voz. Su hermosa voz. Me dijo que llenaba su vida de luz. Me dijo que era su cielo, su tierra y su mar. Mi corazón se hizo dos veces más grande y empezó a empujarse contra las paredes de mi cuerpo que sólo parecían aprisionarlo. Me di cuenta de mi pi...

Sólo así no nos limita el cuerpo.

Siento que las manos son como las raíces de los árboles, de esos que parecen estar hartos de pertenecer a las calles de la ciudad y levantan sus raíces destruyendo el pavimento. Así son: una parte de nuestro cuerpo que se niega a limitarse por el espacio. Por momentos, podemos ser parte de la tierra al hundir los dedos de las manos o inclusive también los de los pies en ella. De la misma forma, podemos meter nuestras manos en la obscuridad y convertirnos en ausencia, en cosmos, en noche. Y así podemos ser todo. O podemos ser agua. O podemos ser tiempo. Y si entrelazas tus dedos con los míos entonces siento que soy más parte de ti. Para Jimena

No es culpa de Antonio José Bolivar.

"[…] El Sucre desembarcó a una pareja de funcionarios estatales, quienes al instalarse en una mesa bajo el portal de la alcaldía fueron tomados por recaudadores de algún nuevo impuesto. El alcalde se vio obligado a usar todo su escaso poder de convicción para arrastrar a los escurridizos lugareños hasta la mesa gubernamental. Ahí, los dos aburridos emisarios del poder recogían los sufragios secre tos de los habitantes de El Idilio, con motivo de unas elecciones presidenciales que habrían de celebrarse un mes más tarde. Antonio José Bolivar llegó también hasta la mesa. -¿Sabes leer?- le preguntaron. -No me acuerdo -A ver. ¿Qué dice aquí? Desconfiado, acercó el rostro hasta el papel que le tendían y se asombró de ser capaz de descifrar los signos oscuros. -El se-ñor-señor-can-di-da-to-cand idato. -¿Sabes? Tienes derecho a voto. -¿Derecho a qué? -A voto. Al sufragio universal y secreto. A elegir democráticamente entre los tres candidatos que aspiren a la primera magistratura. ¿Entien...