Sólo así no nos limita el cuerpo.

Siento que las manos son como las raíces de los árboles,
de esos que parecen estar hartos de pertenecer a las calles de la ciudad y levantan sus raíces destruyendo el pavimento.
Así son:
una parte de nuestro cuerpo que se niega a limitarse por el espacio.
Por momentos, podemos ser parte de la tierra al hundir los dedos de las manos o inclusive también los de los pies en ella.
De la misma forma, podemos meter nuestras manos en la obscuridad y convertirnos en ausencia, en cosmos, en noche.
Y así podemos ser todo.
O podemos ser agua.
O podemos ser tiempo.
Y si entrelazas tus dedos con los míos
entonces siento que soy más parte de ti. Para Jimena

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