No es culpa de Antonio José Bolivar.
"[…] El Sucre desembarcó a una pareja de funcionarios estatales, quienes al instalarse en una mesa bajo el portal de la alcaldía fueron tomados por recaudadores de algún nuevo impuesto.
El alcalde se vio obligado a usar todo su escaso poder de convicción para arrastrar a los escurridizos lugareños hasta la mesa gubernamental. Ahí, los dos aburridos emisarios del poder recogían los sufragios secretos de los habitantes de El Idilio, con motivo de unas elecciones presidenciales que habrían de celebrarse un mes más tarde.
Antonio José Bolivar llegó también hasta la mesa.
-¿Sabes leer?- le preguntaron.
-No me acuerdo
-A ver. ¿Qué dice aquí?
Desconfiado, acercó el rostro hasta el papel que le tendían y se asombró de ser capaz de descifrar los signos oscuros.
-El se-ñor-señor-can-di-da-to-cand idato.
-¿Sabes? Tienes derecho a voto.
-¿Derecho a qué?
-A voto. Al sufragio universal y secreto. A elegir democráticamente entre los tres candidatos que aspiren a la primera magistratura. ¿Entiendes?
-Ni una palabra. ¿Cuánto cuesta ese derecho?
-Nada, hombre. Por algo es un derecho.
-¿Y a quién tengo que votar?
-A quién va a ser. A su excelencia, el candidato del pueblo.
Antonio José Bolivar votó al elegido y, a cambio del ejercicio de su derecho, recibió una botella de Frontera."
De "Un viejo que leía novelas de amor". Luis Sepúlveda.
La culpa no es de aquellos a quienes engañan por un voto. Hay personas que simplemente viven con el temor de no tener qué comer en un día. Imaginen que a estas personas llegan a darles una despensa que pueden hacer rendir por un mes y les prometen que no deberán temer por el alimento durante los siguientes seis años si la persona que les regala la comida llega al poder. Ellos votan. Ellos confían.
La historia de México está llena de mentiras. Sabemos de nosotros lo que alguien quiso que supiéramos. Es imposible llegar a la verdad.
El internet algunas veces resulta ser el virus más dañino de los últimos años, pero también ha demostrado ser una de las mejores herramientas para llegar a esas verdades que tanto nos ocultan. La libertad de expresarnos crece día con día. Quienes callan ahora es por temor a tanta libertad.
Ha llegado el momento de que seamos los autores de nuestras propias vivencias. Lo que ocurre hoy en día debemos decirlo todos. La verdad la tenemos nosotros.
El arte y la escritura son memoria. Usémoslas. Ya es momento de decir lo que realmente pasa.
Nuestra historia debe ser bien contada. De nosotros depende que en el futuro no nos vuelvan a engañar.
El alcalde se vio obligado a usar todo su escaso poder de convicción para arrastrar a los escurridizos lugareños hasta la mesa gubernamental. Ahí, los dos aburridos emisarios del poder recogían los sufragios secretos de los habitantes de El Idilio, con motivo de unas elecciones presidenciales que habrían de celebrarse un mes más tarde.
Antonio José Bolivar llegó también hasta la mesa.
-¿Sabes leer?- le preguntaron.
-No me acuerdo
-A ver. ¿Qué dice aquí?
Desconfiado, acercó el rostro hasta el papel que le tendían y se asombró de ser capaz de descifrar los signos oscuros.
-El se-ñor-señor-can-di-da-to-cand
-¿Sabes? Tienes derecho a voto.
-¿Derecho a qué?
-A voto. Al sufragio universal y secreto. A elegir democráticamente entre los tres candidatos que aspiren a la primera magistratura. ¿Entiendes?
-Ni una palabra. ¿Cuánto cuesta ese derecho?
-Nada, hombre. Por algo es un derecho.
-¿Y a quién tengo que votar?
-A quién va a ser. A su excelencia, el candidato del pueblo.
Antonio José Bolivar votó al elegido y, a cambio del ejercicio de su derecho, recibió una botella de Frontera."
De "Un viejo que leía novelas de amor". Luis Sepúlveda.
La culpa no es de aquellos a quienes engañan por un voto. Hay personas que simplemente viven con el temor de no tener qué comer en un día. Imaginen que a estas personas llegan a darles una despensa que pueden hacer rendir por un mes y les prometen que no deberán temer por el alimento durante los siguientes seis años si la persona que les regala la comida llega al poder. Ellos votan. Ellos confían.
La historia de México está llena de mentiras. Sabemos de nosotros lo que alguien quiso que supiéramos. Es imposible llegar a la verdad.
El internet algunas veces resulta ser el virus más dañino de los últimos años, pero también ha demostrado ser una de las mejores herramientas para llegar a esas verdades que tanto nos ocultan. La libertad de expresarnos crece día con día. Quienes callan ahora es por temor a tanta libertad.
Ha llegado el momento de que seamos los autores de nuestras propias vivencias. Lo que ocurre hoy en día debemos decirlo todos. La verdad la tenemos nosotros.
El arte y la escritura son memoria. Usémoslas. Ya es momento de decir lo que realmente pasa.
Comentarios
Publicar un comentario