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Mostrando las entradas de 2017

Círculo cuadrado.

Deberíamos dejar que el destino nos vaya juntando poco a poco; deberíamos dejar que el tiempo nos regale un encuentro. [Mancha de café] Por aquellos días conocí virtualmente a una mujer (curioso este fenómeno del siglo XXI en el que se pueden emplear frases como esta sin que el significado sea ajeno). De ella sabía un nombre, un número, una universidad y gustos sencillos de conocer como los colores, la música y el café de su preferencia… Y era todo. Era curioso el asunto con ella. Gracias a la tecnología, ahora sabíamos dónde estábamos a cualquier hora del día si así lo queríamos. "Tenemos lugares en común", me afirmó un día común del que no esperaba algo más sorprendente o inesperado que una buena preparación del latte que me disponía a tomar. "Sí, lo he notado. El problema es que nunca concordamos. Quizá un día nos encontremos", respondí.  Las tardes de verano eran deliciosas; uno ya sabía que llovería a eso de las t...

Me desenamoré.

De pronto, se apagaron todas las luces.

Toujours, m'amour.

Me gusta cómo transcurren nuestros minutos juntas. Corren. Acelerados, se pierden en la historia. Nunca comprenderé por qué nos odia el tiempo. Supongo que para quienes están pachecos y para quienes están enamorados, nunca es favorable. Ojalá nuestro día diecinueve hubiera sabido que iban a hacer ese Slam Poetry sobre la primavera. Me hubiera parado en esa tarima a leerte algo frente a todos tus compañeros de trabajo. Quizá mi poema hubiese ganado algo. Normalmente, los mejores se logran con las más hermosas musas, y yo te tengo a ti. Hoy fue el día veintidós y siento que es el día 697. Sentimos como si esto también tuviera un pequeño paisaje que determina qué tan bueno o no tanto es nuestro día. No es que nos ocurra lo mismo que a Tom y a Summer, pero a bien podríamos ir cantando y bailando por las calles de Coyoacán de camino a la Fonoteca Nacional. Al iniciar este día, ella me quitó la pulsera que juré jamás separar de mi cuerpo. Dijo: "Eso ya es pasado; yo tampoco llev...

Día uno.

Fue al caer la tarde… Entre las nubes te vi… Ese día le di los buenos días en persona por primera vez. Mi corazón golpeaba mi pecho; quería salir a saludarla. En mi vida no había visto algo tan bello. Verla dormir… Sonreír. Sentía emoción al imaginar su nombre escribiéndose en mi mente por las mañanas… Recorría mi cuerpo un escalofrío al imaginar sus labios sobre mi piel. Despertaba amándola. Dormía amándola. Me pasaba la tarde cantando para ella. La vida me la devolvió y yo la abracé fuerte. Sabía que sería así. Sabía que bailaríamos; sabía que nos miraríamos; sabía que lloraría. Sabía que sería indescriptible esa emoción en mi pecho al escucharla decir "sí". Nunca había ansiado tanto escuchar eso. Sí. Sí. Sí. Sí, siempre. Quién eres tú? Dímelo! Dímelo solo a mí... Me dijeron que no es que volviera a enamorarme de ella… Es que yo NO dejé de estar enamorada de ella. El día uno. Cuánto soñé con el día uno… Alguna vez dije que serías mi novia. Y ...

No me corté la mano.

Cada día florecían más colorines. Las jacarandas también comenzaban a pintar de violeta las calles y el cielo. El sol radiante por las mañanas y la lluvia por las tardes era el clima que más me gustaba y fue hasta ahora que lo descubrí. Algunas cosas habían cambiado. Ella: su olor, su mente, sus sueños, su rumbo. Su corazón y su esencia eran los mismos. También yo cambié… Cambiamos de pieles. Estábamos destinadas a siempre ir al mismo paso, a veces me decía. Su espalda medía 28 besos de su nuca a su espalda baja; de su boca a sus labios medía 35 besos. 40 besos. (C/S)incuenta besos. En sus pequeñas manos cabía mi rostro, mi cabello, mis senos, mis piernas, mis dedos, mi sonrisa, mi amor. En mi muñeca izquierda cabía nuestra historia (espero que recuerde que alguna vez le dije que esta pulsera nunca dejaría mi cuerpo a menos que me cortara la mano). En nuestros silencios cabían infinidad de suspiros, de miradas sonrientes y caricias melosas. En nuestra burbuja no cabía el tiem...

Lunes horrendo.

Me despedía. Habíamos acabado la sesión fotográfica y querían ir a chelear. No se por qué no me apetecía; sólo sabía que me quería ir en ese momento. Presioné el botón del elevador. Un señor llegó y se paró a mi lado, esperando. Esperamos. En verdad tardó mucho en llegar a nuestro piso. Me ofreció un cigarro (aquél hombre, cuando llegamos a PB) y lo desprecié; hace unos meses que fumo sólo en fines de semana, y eso ciertamente me costó mucho. Salí por el estacionamiento. Hacía mucho calor… El sol nos quemaba a mí y a la mujer que esperaba poder cruzar la calle. Tomé mi celular, tenía que hablarle a Marli. Sonó 8 veces antes de mandarme al buzón de voz. Colgué, guardé el teléfono en la bolsa de mi pantalón y volteé a ver si venían autos sobre prolongación División del Norte. El primer camellón estaba despejado, así que crucé. Fue entonces que el destino me hizo la mala jugada; comprendí que el elevador se había tardado, que me había entretenido rechazando el cigarro, que me habí...

La copiloto del Neón naranja.

La chica del panda tatuado manejaba sonriente. Fuera del vehículo, el mundo y la vida transcurrían más rápido que la velocidad alcanzada por ella al presionar el acelerador; dentro del vehículo, su pequeña mano se entrelazaba con la de ella. Se veían. No hablaban. No escuchaban música. No llevaban las ventanillas abiertas. Ahí dentro, no existía el silencio. Ella miraba a la chica del panda tatuado. Había pensado hacía ya casi un año que no volvería a ser la copiloto de aquél automóvil. Siempre creyó en aquellos designios del destino, en los encuentros fortuitos... La primera vez que se encontraron, fue justo ella, la copiloto, quien la encontró. Le había dicho: "Teníamos que esperar a este momento de nuestras vidas para estar juntas. No podíamos haberlo estado si me hubieras conocido hace dos años". Lo cierto era que jamás se enamoraría como se enamoró de la chica del panda tatuado. Lograr mirarla a los ojos por más de cinco segundos ya le suponía un logro; escuchar su vo...

Esto no es una pipa.

Esto es una suerte de diario, pero sin la intimidad, sin el secreto, sin la privacidad; hace de "el diario" un ejercicio que sólo conserva su cualidad de recaudador de memorias y de introspección; se ha transformado en una forma de expresión del ego, una forma de buscar el reconocimiento, y una forma de exhibirse para saciar el voyerismo. No tengo problema con eso. Solo digo que es curioso que podamos escoger entre escribir única y exclusivamente para nosotros o escribir con esa supuesta intención de que sea para nosotros pero con ganas de que otros, y no solo conocidos, sino cualquier persona en el mundo, sepan qué es lo que quisimos escribir. Porque decir que lo hacemos para "que sepan qué es lo que pienso" es afirmar algo que puede no ser real. Puede que esto mismo que expreso ahora, no sea lo que pienso. Puede que esto sea lo que les quiero hacer creer que pasó por mi mente. Puede que esta no sea yo.

Preámbulo del capítulo 26

Hoy por la mañana hice una afirmación: soy agradecida por lo que tengo, y cada que cumplo años, justo miro, más que aquello que logré o alcancé, a quienes están a mi lado, a quienes amo y que me aman, a quienes me dejan estar en sus vidas, a quienes quieren estar en la mía. No me interesa que me felicite todo mundo: yo lo que quisiera es que me festeje internamente, sinceramente, todo aquél que de verdad se alegre por mi existencia, porque estoy un año más en la tierra, porque estoy donde estoy , porque tengo sonrisas para regalar y porque no me he cansado, porque sigo valiente y porque tengo ganas de seguir dando lo mejor de mí. Me parece curioso que hoy, 10 de octubre, hiciera esta afirmación para mí y para los dos amigos con quienes lo compartí, y que a lo largo del día dos personas me dijeran, así sin mayor motivo mas que el manifestar su pensamiento, que creen que soy una persona de la que se alegran haber conocido, a la que quieren y que reconocen como alguien bueno. Ya se qu...

Esto no es París ni Nueva York

"La mentira más vil en la que creemos o nos hacen creer por mucho tiempo es la que dictamina tácitamente que hay un único camino para lograr tener la "vida perfecta". Hacerle creer eso a la gente es lo que la hace sentir miserable y fracasada cuando no tiene uno de los "ingredientes" requeridos o cuando no sigue el "orden" en que se deben suceder cada uno de ellos para resultar en la "felicidad"...". Jessica escribía mientras se mezclaban varios olores en las aletillas de su nariz: el del café preparándose en Memorias de un Barista, el de la comida que estaba preparando algún vecino, y el del excremento que pisó levemente antes de llegar a sentarse en el lugar que ya era Su lugar en el café desde hacía tres meses. Estaba intentando procastinar lo menos posible porque tenía tarea y tenía que acabar antes de entrar al trabajo, porque después seguro ya no lograría avanzar demasiado. Quería continuar escribiendo pero en ese momento lleg...