Las paradojas que ocurren en Magisterio Nacional entre Allende e Hidalgo.

Hay en el centro de Tlalpan una calle que te hace regresar en el tiempo. Basta con pasar en automóvil a 20 km/h.

Es justo en Magisterio Nacional, entre Allende e Hidalgo. Es claro que uno tiene que doblar sobre M. N. desde Allende, pues así es el sentido de la calle. Asciende.

La experiencia es más prometedora si uno va hacia la hora del crepúsculo. Lo único "malo" es que uno no decide a qué momento de su vida va a regresar, ni puede interferir en él. En realidad, uno no vuelve a vivir ese momento. Lo que ocurre es que uno lo observa, lo mira, se ve a sí misma viviéndolo (en el tiempo en que ocurrió). Bien sabemos que si pudiésemos regresar a un día y hora en específico estaríamos en el lugar donde nos encontrábamos ese día a es ahora. Nuestra esencia estará ahí siempre. ¿Acaso no quisieran, a veces, verse a sí mismos? ¿Verse llorando o sonriendo? ¿Haciendo el amor con aquella persona que siempre perdieron? ¿Cometiendo el más grande error de su existencia?

Uno vira a la derecha sobre M. N. yendo sobre Allende. Desde que observa a dónde se ha metido, lo sabe. Algo increíble pasará. La calle está empedrada así que aunque uno quiera acelerar no podría. La calle asciende. Vigilan a ambos lados, sobre las dos aceras, una fila de enormes árboles. Apenas se filtra la luz por el follaje; sólo se observa nítidamente la que está al final de la cuadra, donde M. N. se junta con Hidalgo. Donde acaba la muerte.

Es después de exactamente tres segundos que se tiene la epifanía. Ésta durará lo que tarde en llegar a la luz del fondo. Se le nublarán los ojos cuando comience. Se le secará la boca, no mostrará expresión alguna. Ni dolor ni regocijo. Nada. El corazón dejará de latirle paulatinamente hasta ser como el de un cangrejo percibiendo peligro. Conocerá el verdadero silencio. No respirará pero continuará vivo.

A millones de años luz hubo supernovas. A unos países de distancia se vivían guerras. A unos metros, las personas caminaban, cambiaban, se detenían, decidían banalidades o decidían vivir, gozaban, o lloraban de dolor, y usted hizo el viaje más largo de todos.

Todo nos empuja a que el reloj continúe su movimiento a la derecha. No nos perdona, no se detiene, nunca nos dejaría volver. Y usted ha hecho lo único imposible. Ha vuelto a un insignificante momento de su pequeña vida (¿qué es su vida comparada con la vida de todos los entes que han habitado y encendido su luz en el universo?). Y se ha visto a sí mismo.
Paradojas en cadena.
Cosmos.
Caos.

Por diez segundos, caos. Y volvió al cosmos.
Pero bueno. También puede decidir no doblar sobre M. N.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Círculo cuadrado.

Preámbulo del capítulo 26