Flash a un pasado lejano y a uno que no lo es tanto. Al final, pasados ambos.
Para hacerme sonreír puedo fácilmente sentarme a recordar. ¿Que si recuerdo? Claro, recuerdo todo. No recuerdo quizá mi primer dulce o la primera vez que alguien me dijo "te amo", pero todo acerca de nosotras lo tengo conmigo. Intocable.
Recuerdo la primera y la última vez que te vi. En ambas ocasiones vestías de color negro. Tu cabello y tu aroma cambiaron; tu expresión también… La forma en que me mirabas.
Recuerdo la primera y la última vez que nos abrazamos. La primera en un parque en Coyoacán; me tomaste por detrás sin saber que es mi forma favorita de ser abrazada. Me descubrías, me olías. La última vez fue diferente. Te apreté fuerte porque dentro de mí sabía que era el último. Quería aferrarme a ti para que, al menos, tu aroma se impregnara en mi cuerpo para siempre.
Recuerdo la primera y la última vez en que nos tomamos de la mano. Coyoacán e Hidalgo lo serían siempre. Tú y yo tendríamos un "siempre" corto. Tus dedos se deslizaron con suavidad, curiosos, queriendo y haciendo que no querían aquella primera vez. La última no temíamos que nuestras manos se buscaran y se acariciaran con amor. Ya lo sabían.
Recuerdo la primera y la última vez que nos besamos. Aquél ya más lejano día sentía cómo dentro de mí y en la comisura de mi boca se formaba un beso. Quería dártelo; tú te diste cuenta. En tu arrogancia eras (eres) encantadora. Éramos un imán positivo y uno negativo. No podíamos evitar que pasara. Iba más allá de nosotras.
La última vez tenía formándose una tormenta dentro de mí y en la comisura de mis ojos. Sólo cayó una gota de lluvia y se perdió al instante. Se confundió con ese beso de despedida. Besamos con tristeza.
Recuerdo la primera y la última vez que hicimos el amor. Quizá sea lo único que no cambió exageradamente. Tus manos sabían cómo tocarme y mi lengua cómo acariciarte. Siempre nos consumíamos, nos quemábamos, nos dábamos la vida y moríamos. Y si una diferencia era clara, esa era el amor desbordante que creció con los años. También que ya conocíamos nuestros cuerpos. Antes nos mirábamos curiosas, y la última vez nos mirábamos y nos amábamos.
Recuerdo la primera vez que me dijiste "te amo"… Y también recuerdo la última.
El primer día nos tomamos de la mano, nos abrazamos, nos besamos. Entré por primera vez a su casa. En ese momento no lo sabía, pero esa fue la primera de un infinito contado.
Recuerdo la primera y la última vez que te vi. En ambas ocasiones vestías de color negro. Tu cabello y tu aroma cambiaron; tu expresión también… La forma en que me mirabas.
Recuerdo la primera y la última vez que nos abrazamos. La primera en un parque en Coyoacán; me tomaste por detrás sin saber que es mi forma favorita de ser abrazada. Me descubrías, me olías. La última vez fue diferente. Te apreté fuerte porque dentro de mí sabía que era el último. Quería aferrarme a ti para que, al menos, tu aroma se impregnara en mi cuerpo para siempre.
Recuerdo la primera y la última vez en que nos tomamos de la mano. Coyoacán e Hidalgo lo serían siempre. Tú y yo tendríamos un "siempre" corto. Tus dedos se deslizaron con suavidad, curiosos, queriendo y haciendo que no querían aquella primera vez. La última no temíamos que nuestras manos se buscaran y se acariciaran con amor. Ya lo sabían.
Recuerdo la primera y la última vez que nos besamos. Aquél ya más lejano día sentía cómo dentro de mí y en la comisura de mi boca se formaba un beso. Quería dártelo; tú te diste cuenta. En tu arrogancia eras (eres) encantadora. Éramos un imán positivo y uno negativo. No podíamos evitar que pasara. Iba más allá de nosotras.
La última vez tenía formándose una tormenta dentro de mí y en la comisura de mis ojos. Sólo cayó una gota de lluvia y se perdió al instante. Se confundió con ese beso de despedida. Besamos con tristeza.
Recuerdo la primera y la última vez que hicimos el amor. Quizá sea lo único que no cambió exageradamente. Tus manos sabían cómo tocarme y mi lengua cómo acariciarte. Siempre nos consumíamos, nos quemábamos, nos dábamos la vida y moríamos. Y si una diferencia era clara, esa era el amor desbordante que creció con los años. También que ya conocíamos nuestros cuerpos. Antes nos mirábamos curiosas, y la última vez nos mirábamos y nos amábamos.
Recuerdo la primera vez que me dijiste "te amo"… Y también recuerdo la última.
Ese día al entrar a su casa no lo sabía, pero al salir estuve consciente de que había sido la última vez.Para Paola
Comentarios
Publicar un comentario