El atrapasueños.

Hacia el año 2012 dejé de soñar. Apenas tenía 20 años. Creo que fue precipitado; decía muchas veces estar "vieja" pero ni en espíritu ni en marcas de piel lo era.

Muchas veces había preguntado a los demás: "¿qué crees que es mejor, saber la fecha exacta en que las cosas sucedieron o no saberlo?" y yo misma me respondía "es mejor saberlo; al menos, ya sabes". Yo recuerdo exacto el día en que desperté y traté de recordar qué había soñado para encontrarme con un muro blanco y ese era un conocimiento que me atormentaba todas las mañanas de mi vida.

Y yo, antes de eso, soñaba cosas maravillosas e irracionales. Una vez soñé con un mundo en tonos azulados en el que veía cosas que seguro fueron sacadas de la mente de Dalí. Otra vez soñé que tenía por amigo a Tom Hanks y juntos íbamos a una festival de música tipo Lollapalooza en el que nos ligábamos a un par de viejitas. Otra vez soñé que existía una estación del metro donde se unían todas las líneas y la arquitectura de ella recordaba al castillo de Harry Potter, por todas las escaleras moviéndose por doquier, mientras que la gente que subía y bajaba de los trenes recordaba a El viaje de Chihiro, porque eran sólo sombras. Otra vez soñé que tenía un atrapasueños amarillo tatuado sobre mi seno izquierdo, que era capaz de absorber mi vida (la cual era una luz color aqua que pululaba sobre mi cabeza en forma de lluvia). Otra vez soñé que entraba a mi casa (que en "la realidad" no es mi casa) y me encontraba en la sala a un león sentado en el sofá; me sentaba junto a él y empezaba a jugar con mi cabello con su enorme pata derecha. Así eran mis sueños… Siempre fui una surrealista y yo no lo sabía.

Claro que yo quería recuperar mis sueños. Intenté de todo y seguí el consejo de todos. Ver películas hasta conciliar el sueño para que soñase con lo que había visto; leer de todos los géneros literarios existentes; escuchar música; autocontarme cuentos; recordar los viejos sueños que había tenido. Nada funcionó.

Pasó el tiempo y ya no podía entender mi realidad. Supongo que, además de vivir otros mundos, soñar sirve para eso: para saber que ya viviste un "ayer" y ahora estás en un "hoy". Parecía que sólo tenía lo que pensaba y sentía al día y no podía recordar nada más. También el concepto de "sueño" estaba empezando a carecer de significado para mí. Yo sólo dormía… Moría cuando cerraba los ojos durante algunas horas y revivía para encontrarme con un ente extraño que resultaba ser "yo".


- ¿Cómo que no sueñas?
- Pues sí, no sueño.
- No creo. Todos soñamos todas las noches. Quizá no te acuerdes de lo que soñaste, pero soñaste.
- En verdad puedo asegurarte que no es así. Desde el veintiséis de febrero del 2012 no sueño. Me desperté, traté de recordar y sólo había un muro blanco.
- Vaya… ¿A qué crees que se deba?
- No se. Me mortifica un poco. Mis sueños eran como abrirle el ojo a alguien con una navaja y ver cucarachas salir del agujero negro en la mano de alguien. Eso eran. Y después, con los sueños nuevos, se fueron los viejos y después se fueron mis vivencias.
- ¿Probaste…?
- De todo. Nada me funcionó.
- Vaya… Pues no se qué decirte. Igual y alguien te embrujó o algo.
- Seguro. Quitarle los sueños a alguien debe ser la peor forma de matarle.


Aquella noche llegué al departamento que compré en la Roma, cortesía de mi empleo seguro y medianamente bien pagado. Entrando a mi cuarto me descalcé las botas, desabotoné mi pantalón y, sin quitármelo, me quité la blusa y el sostén y los aventé al montículo de ropa sucia de la semana. "Mañana la lavaré", pensé. Entonces volteé hacia donde estaba el espejo de cuerpo completo, junto a la puerta del cuarto. Y la vi.

Parada ante mí, donde debería estar yo, estaba yo. Pero no era yo. La misma altura, el mismo tono de piel, el mismo cabello largo hasta cubrir los senos, el pantalón desabrochado, las mismas manos recorriendo un rostro que era igual al mío… Pero los ojos… Los ojos guardaban algo. Esos ojos no eran míos. Quité el cabello que cubría mi seno izquierdo (la razón por la que lo hice la desconozco) y me encontré con el tatuaje de un atrapasueños amarillo con una red llena de pequeños puntos color aqua. Deslicé mis dedos por su superficie. Me ardía.
Fue ese momento cuando perdí el control sobre mi cuerpo. Los movimientos que hacía la  persona del espejo eran los que yo imitaba. Sacó un cutter del escritorio que estaba al lado del espejo. Tenía algo parecido a la felicidad reflejado en la mirada que estaba clavando a la mía. Entonces, miré sobre mi seno izquierdo (donde ella tenía el tatuaje) y comencé a cortarme al rededor del atrapasueños. No pude gritar, aunque en realidad la escarificación me dolió hasta en lugares que no sabía que poseía. Cuando mi mano acabó de mutilarme, la chica del espejo quería que nos viéramos a los ojos, así que mi cabeza se incorporó y nos encontramos. Sonreímos. Nos desmayamos.

Desperté al día siguiente acostada en mi cama. Todo parecía normal, todo parecía estar como siempre que despertaba… Hasta que recordé algo. Me quité violentamente las sábanas que me cubrían y miré mi pecho. Observé, confusa, mi piel morena, tersa e intacta. Volteé hacia arriba, hacia los lados. Todo estaba igual. "Jessica, todo está igual".

Pensé que lo único diferente era que había soñado…
Hasta que descubrí un atrapasueños bajo mis sábanas.

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