Nombrarte para que existas.
Escuché venir a alguien detrás de mí. Su aroma me llegaba en sus últimas notas y se filtraba, travieso, por mis fosas nasales. Me embriagaba [delicioso]. Volteé sobre mi hombro,
y la vi.
Venía corriendo: quería alcanzarme. Di media vuelta y la contemplé. La dejé llegar y abrazarme. Llegó tranquila, dulce, delicada. Al tocarme erizó mi piel e hizo a mi cuerpo estremecerse. Me abrazó más fuerte. Me mojé. Levanté la cara para mirarle mejor y me besó. Cerré los ojos. Besó mis ojos, besó la punta de mi nariz, besó mis mejillas y mis labios, besó mi cuello. Mi rostro quedó empapado, cada uno de mis cabellos escurría y se adhería a mi piel. Pasado algunos segundos me percaté de que un beso se había quedado en mis pestañas.
La miré de nuevo. Quería que dijera su nombre, lo sabía. En su petición intuía que deseaba existir [aquello que no existe no puede ser nombrado]. Sonreí.
Lluvia. Eres lluvia.
Y azotó con toda su belleza. Para Jimena
y la vi.
Venía corriendo: quería alcanzarme. Di media vuelta y la contemplé. La dejé llegar y abrazarme. Llegó tranquila, dulce, delicada. Al tocarme erizó mi piel e hizo a mi cuerpo estremecerse. Me abrazó más fuerte. Me mojé. Levanté la cara para mirarle mejor y me besó. Cerré los ojos. Besó mis ojos, besó la punta de mi nariz, besó mis mejillas y mis labios, besó mi cuello. Mi rostro quedó empapado, cada uno de mis cabellos escurría y se adhería a mi piel. Pasado algunos segundos me percaté de que un beso se había quedado en mis pestañas.
La miré de nuevo. Quería que dijera su nombre, lo sabía. En su petición intuía que deseaba existir [aquello que no existe no puede ser nombrado]. Sonreí.
Lluvia. Eres lluvia.
Y azotó con toda su belleza. Para Jimena
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