Cuando tiras la primera ficha de una fila de dominós puestos de pie.
Un muy buen amigo mío solía discutir conmigo acerca del destino. Él dice que no existe. Yo creo en él por sobre todas las cosas.
Hace poco más de un año se me hicieron presente una serie de oportunidades en un lapso de 10 minutos, de las que derivó un encuentro que tuve con una persona a quien no hubiese querido ver. Eso, de hecho, está redactado en la entrada "Lunes horrendo" de este blog.
Y me es curioso que siempre me pasen este tipo de "destinos a lapso corto" (como he empezado a llamarle) con la misma persona.
El lunes la vi. Me retrasé en la salida de una conferencia que tuve en ENP 5; tomé el autobús que va de Textitlán a Gabriel Mancera y que pasa por Coyoacán. El reloj marcaba cuarto para las tres justo cuando el conductor se pasó una señal de alto y llegó a esa parte de Pacífico donde ella da vuelta para ir a su casa. Y cuando vi por la ventana… De nuevo el neón naranja. De nuevo esa cara. Pero no de nuevo la emoción. Bueno, ya era tiempo, pensé. La vi y ella no supo que estaba ahí.
El martes vi a su mejor amiga. Ella me vio. Yo venía con Fer. Fer está coqueteándome. Yo le coqueteo. Pensé que el haber dejado pasar un tren del metro y después subirnos justo donde ya venía Dan (la mejor amiga) no era otra cosa sino destino. El destino por doquier.
El domingo platiqué con mi abuelo y le pedí que mandara alguna señal. Le dije que estaba cansada de estar de esa forma con respecto al amor… Y pasó esta serie de sucesos curiosos a los dos días siguientes.
Sentí como si mi dedo se apoyara suavemente sobre la primera ficha de una larga fila de dominós y me quedé observando cómo caían uno a uno, derrumbando lo que con trabajo construí sola.
Y lo hice polvo.
Para Paola
El martes vi a su mejor amiga. Ella me vio. Yo venía con Fer. Fer está coqueteándome. Yo le coqueteo. Pensé que el haber dejado pasar un tren del metro y después subirnos justo donde ya venía Dan (la mejor amiga) no era otra cosa sino destino. El destino por doquier.
El domingo platiqué con mi abuelo y le pedí que mandara alguna señal. Le dije que estaba cansada de estar de esa forma con respecto al amor… Y pasó esta serie de sucesos curiosos a los dos días siguientes.
Sentí como si mi dedo se apoyara suavemente sobre la primera ficha de una larga fila de dominós y me quedé observando cómo caían uno a uno, derrumbando lo que con trabajo construí sola.
Y lo hice polvo.
Comentarios
Publicar un comentario