La hoja del sauce ciego.
Una hoja cae. El árbol que la amarraba la ha soltado. El viento la hace cambiar de dirección pero en algún momento tendrá que caer al río que se encuentra a unos centímetros de ella; está apacible, aguardando. Dejará de ser apacible en cuanto la hoja provoque el rompimiento de la tensión superficial de sus aguas y con ello comience su movimiento fiero, violento. En realidad el viento la retiene sobrevolando porque teme que el río despierte. El problema es que la hoja ha caído. Ya no hay vuelta atrás. Es cuestión de tiempo.
Tiempo. Aquél que nunca es justo. Podría pasar un siglo o un segundo. Es vago. Nunca nos revelará sus misterios.
Así que solo aguardo.
Sí, tengo miedo. Cuando veía que a esa hoja le faltaba poco por soltarse me alarmé, pero creí que nunca se separaría del árbol. Y de hecho es irónico… Porque yo la arranqué. Me senté abrazada por las raíces del enorme sauce ciego del que la arranqué y la solté sobre el río; ahora observo cómo el viento hace lo posible para que no toque el agua, pero en algún momento pasará.
Delicada y frágil la hoja se dejará arrastrar por una fuerza superior a la suya. Y aquél río llegará al mar.
Para Sofía
Delicada y frágil la hoja se dejará arrastrar por una fuerza superior a la suya. Y aquél río llegará al mar.
Y aquel mar, a donde llegará?
ResponderBorrarEso es lo que estoy averiguando.
Borrar