L
Soy Jessica de 27 años. No puedo volver a ser Jessica de 13 años, ni de 14, 15, 16 ni 17. Intento revivir en mis pensamientos, emociones y sueños de entonces, y no lo logro. Siento que esta que soy hoy no se puede meter en la piel de aquella que fui.
Quiero revivirme en esos años porque son los que viví siendo novia de alguien por primera vez. ¿Qué es lo que me gustaba de ella? Lo que pienso es que me gustaba que era todo lo extrovertida, atrevida, irreverente y valemadrista que yo no era. Yo era una debutante de la adolescencia que creía que haber besado a una niña en el kinder y no poder evitar el sonrojo al ver los vídeos de t. A. T. u. ya la hacían lesbiana, palabra que me gritó la amiga que me gustaba a los 8 años después de intentar besarla. Era una niña que se valía a sí misma por lo lista que creía que era (se lo decían las boletas: era una conservadora de las boletas, los números, las calificaciones), pero si me preguntan si me sentía atractiva, no podría evitar fruncir la cara y decir "¡Definitivamente no!". No. No era como esa compañera delgada, blanca, de facciones gráciles, de cabello suave y sedoso. Y sí recuerdo que me preocupaba no lograr tener un amor correspondido. Y también recuerdo que cuando la veía a ella me daba un cosquilleo curioso en el cuerpo.
Pero, sinceramente, creo que no me gustaba tanto. Ahora pienso que quizá lo que me gustaba era que me hacía caso. Me gustaba que coqueteaba conmigo, que la niña problema me lanzaba unas miradas seductoras siempre que nos encontrábamos solas. Y claro, me gustaban su cara, su estatura, sus manos, su cabello mal peinado, y la forma desarreglada en que traía el uniforme; pero más siento que esas son cosas que aprendí a querer a partir de que ella me hizo caso.
Fuimos pareja cinco años de nuestras vidas. Salí del clóset estando con ella. En ese tiempo aprendí a fumar; a beber alcohol; a que no me gustaba perder el control; a moverme por la ciudad; a bailar en los conciertos de rock y de ska; a verme como una chica fuerte a la que no le intimidan los demás. Aprendí a compartir, a dar.
L, no sé que sería de mí si no hubieses estado, si no hubieras sido tú. Tampoco creo que eso no lo hubiera aprendido si no nos hubiéramos liado. Solo se que mucha de la humildad y la humanidad que tengo, las desarrollé al estar a tu lado, bajo el techo de tu hogar, compartiendo la vida con tu familia.
Hoy te agradezco por ello. Y escribo porque quiero sacar de mí algo que me aqueja. No eres tú... No eras tú.
Para Lilia
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