Vi la hoja virtual en blanco y suspiré. Bajé la mirada a mis manos con los dedos reposados en las teclas. Solo se que tenía necesidad de escribir porque me atraviesan emociones y vivencias y pensamientos y sensaciones y es tanto, tanto, más de lo que ahora mismo puedo contener o sacar de mi sistema exitosamente.
Me cuesta valorarme. Me cuesta valorar lo que hago, lo que se hacer. Y me doy cuenta de que me cuesta porque, aunque no me lo digo a la cara y aunque no me infravaloro conscientemente, en todo lo que hago en aras de una transacción "lo que se" por "beneficio"/"remuneración" es nulo. Entonces, siento que lo que hago vale nada. Pero luego me digo: Jessica, claro que es valioso. Y luego me encuentro incapaz de ser firme y de pedir que se me de lo que merezco porque no se cómo pedirlo. Porque el punto de ese modo de sociedad es convencerte de que eres intercambiable al sonido de un chasquido y que en realidad eres nada. Vales nada.
Me cuesta valorarme. Me cuesta valorar lo que hago, lo que se hacer. Y me doy cuenta de que me cuesta porque, aunque no me lo digo a la cara y aunque no me infravaloro conscientemente, en todo lo que hago en aras de una transacción "lo que se" por "beneficio"/"remuneración" es nulo. Entonces, siento que lo que hago vale nada. Pero luego me digo: Jessica, claro que es valioso. Y luego me encuentro incapaz de ser firme y de pedir que se me de lo que merezco porque no se cómo pedirlo. Porque el punto de ese modo de sociedad es convencerte de que eres intercambiable al sonido de un chasquido y que en realidad eres nada. Vales nada.
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